Oración poderosa para romper un maleficio de ruina de brujería
Es importante que tengas en cuenta que una oración de este tipo es muy poderosa para quien lo utiliza, de manera que puede llegar a romper cualquier atadura casi sin ningún esfuerzo. Pero todo suele variar en torno a la fe que le pongas a la oración. Ya una vez dejado esto en claro te enseñaremos cómo es la forma correcta de orar, procede a hincarse de rodillas, a juntar tus manos, bajando la mirada y cerrando los ojos comienza a recitar dicha oración.Santo padre que estás en los cielos y haces presencia en mi vida
porque desde que te conocí mi vida ha cambiado,
trayendo ella sólo bendiciones y armonía,
que me llenan de dicha al ser provenientes,
de la gracia del padre que en los cielos se encuentra.
Porque el amor de él para con nosotros es incalculable e inmenso,
pido a ti Oh Señor en este momento de agonía,
en el que la desesperación se vuelve un problema.
En la que no encuentro salida de este lugar,
por eso acudo a ti Oh señor celestial
para que respondas mi llamado,
de Súplica y de protección.
Para que me bañes con la sangre de Cristo,
la cual tiene poder y me hace inmune a toda maldición,
o brujería que hagan en mi contra.
Mi alma agotada pide bendición a los santos,
y a los Ángeles acompañado de una protección,
de la Santísima Virgen qué reinas de los cielos.
Porque la palabra el padre dice que el que esté cansado,
de que descanse en él, porque le dará abrigo y el lugar
en donde descansar de todas las penas que lo agobian.
En este momento pongo en la mesa mi duda y mi temor más grande,
oh padre mío Siento que ese soy acechado por una maldición de ruina.
Por eso te dedico a ti esta humilde oración en donde la luz perpetua,
y Sagrada del Señor de los Cielos saldrá victoriosa.
Imploró que envíes tu ejército de santos y de ángeles,
para que destruyan cualquier atadura de brujería,
que pueden tener en contra de mí.
Pido con este humilde corazón ser libre de Dictadura,
porque no pertenece a mí porque yo estoy con el padre y eso no proviene de él.
Líbrame de este camino tortuoso en el que mis pies son entorpecidos,
por la envidia ajena, para por fin ser libre y alabarte con gozo y alegría.
Amén.

