Novena a la Sangre de Cristo. Oración de Sellamiento
En efecto, rezar una novena, no es solo acudir por nueve días a repetir palabras, es orar desde el corazón y la fe incólume. La Novena a la Sangre de Cristo es fuerte y poderosa, con ella puedes lograr tu propósito. ¡Oremos con fervor y amor a Dios!¡Señor mío Jesucristo!
con tu Sangre entregaste al
servicio de Dios padre
las almas de los hombres
buenos que en él creemos.
Unidos aquí a tus pies
frente al Espíritu Santo, a los santos
apóstoles y a la virgen María,
te pedimos que perdones nuestros pecados.
Jesucristo hijo de Dios,
que nos salvaste con tu Sangre derramada,
hoy te alabamos y bendecimos.
Nos rendimos a tus pies
para clamar por la vida eterna y la salvación
¡Oh, cordero de Dios!
¡Bienaventurados los que los que
fueron salvados con tu Sangre,
hoy te veneramos y te rogamos misericordia
ante las vicisitudes que nos aquejan.
Resguárdanos del pecado
y llévanos junto a ti, danos
por siempre tu bendición
guárdanos un lugar en tu reino.
Cedemos por tu Sangre al
amor y la dicha eterna,
junto al todopoderoso,
la virgen y los santos.
Pido que se derrame
en mi tu divina Sangre.
Mi alma ora ante ti.
Mi voz canta la felicidad de encontrarte.
Mis manos tocan tu sangre y
se purifica mi espíritu.
¡Santísima virgen María!
Otórganos la dicha de ser bañados
con la Sangre de tu hijo
que en la cruz derramó por nosotros
dando muestras de su amor.
Excelso Espíritu Santo,
asimismo, hazme merecedor de
estar al lado de Jesús
y vivir con él la eternidad.
Con la sangre de Jesús sobre
nuestros corazones,
con todo caminaremos a su encuentro
y no habrá obstáculo maligno
que se interponga.
Sangre de Cristo, infúndenos la fe
para cumplir con nuestra promesa de adorarte
consagrada en comunión.
Poderosa sangre de Cristo,
reúnenos en el cielo junto a
los ángeles y los santos
para adorarte eternamente y, también,
agradecer tu sacrificio sin temor.
Por supuesto, en el eterno cielo
azul queremos estar,
contemplar tu belleza y tu pureza.
Aclamar a Dios y servirle por siempre,
a él nos entregamos.
¡Padre nuestro!
Claro que la sangre derramada de tu hijo
fue ejemplo de esperanza,
ahora la venero y pido perdón a sus pies.
Por último, ¡Cordero de Dios!,
lava mis pecados en este día.
Te ruego por mis hermanos,
no obstante, te aclamo por su
bienestar y por su dicha.
Claro que la sangre derramada de Cristo
fortalece mi alma
y por ella te pido y suplico.
Sin duda, no habrá enemigo que
doblegue mi confianza,
sin duda, con Cristo siempre estaré.
¡Señor Jesucristo, hijo único de
Dios y la santísima virgen!
Asimismo, por tu sangre bendita y sublime viviré.
El cáliz y el pan divino ofreceré en comunión
y esperaré con fervor la vida eterna.
¡Amén!

