Oración para pedir la protección de la Virgen de San Juan de los Lagos
El primer milagro por el cual la imagen de la Virgen de San Juan de los Lagos se dio a conocer, proviene de un relato que asegura que a una niña que falleció en un accidente, se le colocó esta figura en el pecho y acto seguido, despertó. Después de dicho acontecimiento, se hizo famosa y empezaron a acudir los fieles, muchos de los cuales aseguran haber sido bendecidos al concedérseles milagros. Orientaremos la oración de protección, para que se nos cuide y a nuestros familiares, de las manos de la muerte.Madre de Cristo y Madre nuestra,
otórgame el honor de estar bajo tu amparo,
hazme invulnerable ante el peligro.
Resguárdame del frío proveniente de la muerte.
Provéeme de fuerza e intelecto,
no dejes que me acerque a lo oscuro.
Cúbreme con muros impenetrables,
que los demonios no me alcancen.
Llévame por el camino más seguro,
quiero ir con paso firme,
con confianza en el Señor y en ti.
Sé mi escudo y mi armadura,
para así estar aislado contra todo mal.
Encomiendo mi alma y mi cuerpo al cielo.
También pido por mi familia,
así como por mis amigos y conocidos,
espero que ninguna enfermedad les estremezca.
Deseo que tu luz
no deje pasar ningún elemento dañino.
Me preocupa que estemos encarcelados
en un mundo lleno de odio, haz que todos
los que rodeen a mis seres queridos, expiren amor.
No quiero afectaciones a los míos,
quiero poder compartir con ellos
tranquilamente por mucho tiempo.

Igualmente espero que mi hogar
sea una fortaleza llena de tu bendición,
no dejes pasar por mi puerta
a nadie que quiera causar daños.
Que el mal quede atrapado
en tu red de misericordia y protección.
Inmaculada Concepción,
Virgen de San Juan de los Lagos,
hazme capaz de resistir lo que sea,
ya que espero también
proveer de protección a mi familia.
Facilítame el ímpetu,
para mantener mi firmeza ante lo perjudicial.
Vísteme de soldado y guardián,
lléname de gracia.
Igualmente suplico que me enseñes a orar,
a seguir los pasos de nuestro Señor Jesucristo.
Siguiendo lo establecido en el evangelio, no hay mal,
ni demonio que me perturbe.
Amén.

