Oración a Santa Catalina para controlar las situaciones adversas
La humildad y la sencillez de corazón son las herramientas más poderosas para comprender que la confianza en Dios es el método más eficaz para dominar y saber enfrentar las adversidades más extremas de nuestra vida como cristianos. No intentes controlar cualquier situación, no te compete a ti hacer eso, pues, tú no eres Dios; abandónate en sus manos y su infinita misericordia, Él te dará la fortaleza necesaria para saber enfrentar las situaciones más complejas.Santa Catalina de Siena,
ejemplo de humildad y sencillez de corazón,
enséñame a abrazar la cruz.
Quiero aprender a abrazar las situaciones difíciles
que me afligen diariamente,
así como tú abrazaste tus sufrimientos y los ofreciste
como expiación de tus pecados y los de la humanidad.
Quisiera tener un poco de tu fe y convicción espiritual;
los males que me aquejan parecen ser más grandes que yo,
no puedo dominarlos, pues soy tan pequeño
en comparación al mal que me aflige.
Tu que luchaste en contra de tu propia madre,
tu padre, tus hermanos y la sociedad misma;
por la convicción de tu devoción y amor a Cristo;
enseñame a luchar como tú lo hiciste,
quiero que Dios sea el eje principal de mi vida.
La Soberbia que siento me enceguece;
el maligno me hizo creer que puedo combatir
y afrontar cualquier situación solo y sin la ayuda del Altísimo.

Intercede por mi Santa Catalina,
para que Dios pueda darme un corazón nuevo;
un corazón lleno de humildad y confianza en Él.
No quiero afrontar estas situaciones solo de nuevo,
quiero sentir la misma convicción que tú sentías por tus ideales,
esa convicción que provenía de la confianza de que Dios,
el rey del Universo, estaba contigo en todo momento.
Si las cosas no llegasen a salir como espero;
enseñame ¡oh, santa catalina! a aceptar los caminos del Señor.
Aunque, a veces parezcan confusos,
enseñame a aceptarlos con el alma.
Quiero tener un espíritu noble y fuerte como el tuyo;
Uno capaz de enfrentarse a una sociedad entera
por la convicción de mis ideales,
confiando en todo momento que Cristo Jesús me acompaña.
Si la situación se escapase de mis manos,
enseñame a amar y abrazar el sufrimiento como tú lo hiciste,
que mi dolor sirva como expiación de mis faltas
y la purificación propia de mi alma.
Amén.

