¿Por qué debemos encomendar a nuestros más pequeños con el Niño Dios?
Una de las razones principales por las que le encomendamos la salud de nuestros niños pequeños al niño Dios. Es porque él es también un niño en esa representación en la cual le invocamos para cuidar de nuestros pequeños. En cuanto la salud merma, nos ponemos muy nerviosos y mucho más si se trata de uno de los pequeños de la familia. Debemos saber que aunque los médicos son los que deben tomar la delantera en cuanto a la prescripción de un medicamento. Solo Dios tiene la última palabra y es Él, quien puede dar la sanación definitiva. Para las personas creyentes. No hay nada más efectivo que la fe en Dios y cuando estamos angustiados por la salud de nuestros hijos, hermanitos o nietos. Debemos hacer una oración al niño Dios – el ángel especial quien intercede por la salud y la restaura.Adorado Niñito Jesús,
Tú que también eres un pequeñín
y sabes lo que significas para tu madre,
La Santísima Virgen.
Ten piedad de mi angustia en estos momentos
en que mi pequeño
(se dice el nexo, el nombre del niño
y el motivo de su enfermedad).
Te pido, mejor dicho,
te ruego que tengas misericordia
de este siervo que hoy lleno de dolor y de angustia
te busca con ansias para que calmes este dolor tan grande
que siento al verlo disminuido en sus facultades
por este mal que le aqueja.
Asimismo intercede de manera pronta y efectiva
en la sanación de mi pequeño,
y yo te prometo Niñito Jesús
que siempre estarás presente en mi hogar.
Además en mis pertenencias no faltará
una estampita que recuerde tu oración,
que en la habitación de mi niño yo pondré siempre
tu imagen Divina para que esté presente
nuestra adoración y fe hacia ti.
Por ello será siempre muy grande
y tú serás el guía
y custodio de mi querido niño.
Adorado y nunca bien ponderado
Santo Niño de Atocha,
Santo Niño De La Cuchilla, Niño Jesús bendito,
Niño de Nazaret.
Hoy te suplico que intercedas
por la salud de este pequeño,
quien también como tú,
es hijo del padre y estará siempre encomendado a tu protección
mientras yo tenga un solo hálito de aliento.
Yo sé que tú jamás te muestras indiferente
ante el dolor de una madre,
porque sé que eres bueno y muy misericordioso
y que jamás dejas a una madre sin prestarle atención.
Por último pongo en tus inocentes y benditas manos,
querido niñito Jesús toda mi vida
y te pido que despliegas toda tu bondad y atención
en escuchar mi petición.
Concédeme por favor esta gran gracia
que te pido ahora y dale la buena salud
a mi pequeño niño
para que se vuelvan a tornar alegres sus días.
Amén

