Oración de purificación del alma para perdonar
Dirigiéndonos al Todopoderoso, suplicaremos su ayuda para que elimine de nuestro ser todo rencor, y de esta manera que nos encamine por la vía del bien, el camino que nuestro Salvador Jesucristo nos dejó. Orando, estableceremos conexión con el Divino Creador, realizaremos la siguiente plegaria con fe, teniendo siempre en cuenta que el rencor lleva al odio y el odio nos consume. Amarás a tu prójimo es uno de los mandamientos, y es que si todos lo cumpliéramos, no habrían conflictos, todo sería paz.Mediante esta oración,
me dirijo a ti, mi Dios,
pido porque mi alma sea limpiada,
pido por la purificación de mi ser.
Necesito que me llenes de bondad,
enséñame a colocar la otra mejilla.
Intercede en mí.
Como un humilde pecador,
aquí estoy intranquilo.
De mi cabeza no sale aquella persona,
esa persona que me lastimó.
Sólo soy un caminante,
me desplazo por este sendero,
este sendero que tú mismo has elaborado.
Sólo tú sabes por lo que estoy pasando,
cambia por amor mi odio.
Quiero ser como el cielo,
un cielo despejado,
un cielo que no amenaza con tempestades,
quiero estar limpio y no mostrar oscuridad.
Hazme profeta de tu gloria,
quiero predicar perdón,
necesito destellar compasión.
Ilumíname, ilumina mis pensamientos,
Para que de ese modo,
halle la manera de manifestar perdón.
Sé que yo no he sido perfecto,
he cometido mil errores,
he puesto en mi situación a otros,
también imploro que aquellos a quienes aludí,
consigan de igual manera el perdón hacia mí.
A Moisés diste los mandamientos,
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”,
de cumplir esta ley divina,
no habrían guerras, no habrían peleas,
el amor reinaría.
Por favor hazme partícipe de tus dones,
lléname de humildad,
ayúdame a reconocer la maldad,
pero no dejes que me consuma,
no dejes que se manifieste en mí,
no permitas que pensamientos de venganza aparezcan.
Sé mi Pastor, guíame.
Eres manifiesto de perdón,
sea cual sea nuestro error,
siempre sigues amándonos.
Eres el mejor ejemplo de luz y tranquilidad.
Por sobre todas las cosas,
hazme comprender que no siempre es intencional,
no siempre se quiere dañar.
Incluso yo he ofendido y lastimado,
de esta forma, sabré ponerme en los zapatos de los demás.
No queda más que agradecerte,
agradecer que me perdonas siempre,
agradecer porque sé que intervendrás,
estoy en plena confianza.
Bendita sea tu gloria.
Amén.

