Historia de la Virgen del Socorro volviendo a casa
Alrededor del siglo XV, los mercaderes viajaban hacia Italia a través del mar Mediterráneo, iba con sus posesiones. Entre los objetos, estaba la pintura de la Virgen del Perpetuo Socorro. La intención de este hombre estaba en llevar la imagen a donde él consideraba que era su verdadero hogar y donde estaría protegida. Pero en la travesía, una feroz tormenta se desató, y el hombre asustado, tomó el cuadro, lo levantó hacia el cielo para pedirle a la Virgen que lo socorriera. Tras sus palabras, la tormenta se calmó y el hombre pudo terminar su viaje para llegar a Roma y reunirse con un amigo al que le mostró la imagen que traía consigo. Le contó acerca de cómo le había salvado y que su plan de traerla serví para que la Virgen pudiera sentirse venerada por todos. Pero por desgracia, el mercader no pudo cumplir su misión ya que enfermó de gravedad. El hombre en su lecho de muerte le pidió a su amigo que por favor terminará de cumplir su misión. Sin embargo, su amigo tampoco cumplió con sus deseos, debido que al llevar la imagen a casa de su esposa, quedó encantada con la belleza del cuadro y decidió quedársela.
La virgen del Perpetuo Socorro apareció en varias oportunidades al hombre pidiéndole que por favor cumpliera con su palabra. Pero este no quería negarse a los deseos de su esposa. En vista de su desobediencia, el hombre enfermó y murió. Más tarde, la Virgen decidió aparecer ante la pequeña hija del hombre que solo contaba con 6 años.
Puso en su mente estaba la misión y corrió a contárselo a su madre. Así la mujer entendió que debía cumplir con los deseos de la Virgen. La madre de la pequeña llevó el cuadro a la Iglesia de San Mateo. En dicho lugar veneraron a la virgen y ella cumplió muchos milagros.
Siglos después, muchas iglesias fueron destruidas durante la invasión de Napoleón, entre ella la de San Mateo.
Pero un padre agustino pudo recuperar la imagen, salvarla y esconder el cuadro en una capilla agustina en Posterula, donde permaneció varios años. Hasta que unos redentoristas que tenían la misión de reconstruir una iglesia donde antes había estado la de San Mateo, descubrieron que antes ahí estaba el cuadro de la Virgen y solicitaron que fuera devuelta. El beato cumplió con la solicitud siempre y cuando los redentoristas cumplieran con la misión de “darla a conocer al mundo”.





