El Primer milagro de la Virgen del Perpetuo Socorro
Hace muchos años un hombre mercader robo un cuadro de una virgen donde se observaba entre sus brazos cargar a un niño. Una imagen que refleja la protección de una madre a su hijo. Luego el mercader llevó el cuadro consigo hacia un viaje donde se presentó una gran tormenta de la que sería imposible salir vivos, el hombre tomó el cuadro es sus manos y le imploró a la Virgen del Perpetuo Socorro que los salvara. En ese momento desapareció la tempestad y regresó la calma, de allí en adelante han sido innumerables los milagros que ha realizado. Por ello, si estás en una situación difícil y necesitas de la ayuda de Dios, implora esta oración.Santísima Virgen del Perpetuo Socorro
Tierna y dulce madre, protectora de tu hijo que llevas entre los brazos,
ven a socorrer a quien hoy hace tu llamado, en todo momento y todo lugar,
aún en mis momentos de debilidad, de mis caídas en tentaciones, mis dificultades
y en mi recorrido por la vida de Dios.
Amorosa Madre, concédeme la certeza de acudir en tu nombre en pensamiento
y palabra, seré fiel al invocar tu nombre porque se que tu serás fiel al socorrerme,
como un hijo confía en su madre, así confío yo en tu santa voluntad.
Santa Virgen, ruega a Jesús por mí, para que me conceda el milagro
que tanto anhelo y deseo desde el fondo de mi corazón, es necesario sanar
estas heridas que perturban mi alma, y solo la voluntad poderosa de
nuestro padre celestial puede saciar.
¡Oh Reina del mundo¡,
Virgen del Socorro, se que a ninguno abandonas, a ninguno desprecias,
ni dejas fuera de tus consuelos, siempre acudes al llamado de
tus hijos con corazón humilde y puro.
No me abandones por mis pecados ni por la dureza de mi corazón, que a veces
se llena de sentimientos impuros. Bendíceme siempre con tu gracia y tu amor,
no permitas que la tentación se presente ante mi y mi debilidad me haga pecador.
Hoy más que nunca quiero ser tu hijo, el que honra a su madre y cumple
con obediencia las leyes de su padre.
Concede mi petición y te daré el más puro amor, la humildad y la lealtad
en forma de agradecimiento por el favor concedido. Estoy hundido en
la desesperación y solo consigo refugio en la esperanza de saber que tú me
cubrirás con la gracias del milagro.
Amen.

