Antigua oración a San José, oraciones y devociones católicas

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La Virgen María estaba comprometido en matrimonio con José cuando el ángel Gabriel le anunció el futuro embarazo de Jesús que concebiría bajo la gracia del Espíritu Santo. San José reconoció su misión y asumió a Jesús como su hijo adoptivo. Conoce la Antigua oración a San José, oraciones y devociones católicas.

Como esposo de la Virgen María, San José debió pasar igualmente las dificultades de ser los padres de Jesucristo. Cuyos actos le han convertido en un santo poderoso para interceder por nosotros ante Dios y ser el mensajero de nuestras peticiones. Las oraciones entregadas a Dios y a sus santos como muestra de nuestra devoción. Nos permiten demostrar el amor que le tenemos y la confianza que le profesamos como amo y señor de nuestras vidas.

Índice()
  1. Antigua oración y devoción católica a San José
  2. San José, honorable ejemplo del Padre de Jesús

Antigua oración y devoción católica a San José

Por siempre la oración ha sido la mejor herramienta para conectarnos espiritualmente con su divinidad, afianzando así, a través de ella nuestra fe católica. Aquí te mostramos la Antigua oración a San José, oraciones y devociones católicas, la más poderosa de todas:

Misericordioso San José

Oh Poderoso hombre,

santo entre los fieles seguidores de Dios,

te fue encomendada la misión de educar y criar

al hijo de nuestro Padre Eterno y Celestial.

 

Bellas virtudes vio Dios en ti

para darte tan maravillosa tarea aquí en la tierra.

 

Oh San José, gran protección, fuerte e inmediata

ante el trono de Dios, en ti confío

todas mis intenciones

y mis deseos de hacerme cada

día más parecido a ti.

 

Con tu poderosa intercesión, pido tu humilde ayuda,

para que me concedas la dicha de obtener

las bendiciones espirituales

que Dios guarda para mí

y que a través de ti llegarán a mi vida.

 

Por medio de la confianza

que te estimo

te haces merecedor de mi amor

y mi agradecimiento.

 

 Oh San José, yo nunca me canso de contemplarte

con Jesús adormecido en tus brazos,

no me atrevo a acercarme

cuando él descansa junto a tu corazón.

 

Besa su delicado rostro por mí,

abrázale en mi nombre

y pídele que me devuelva ese beso

cuando exhale mi último suspiro.

 

Que mi humilde oración llegue hasta las alturas,

allí mismo donde estás sentado junto a Dios.

 

Con estas palabras antiguas

que han tenido inmenso poder a través

del tiempo unidas

a las que hoy salen de mi corazón.

honra al senor

 Permite que Dios Todopoderoso

derrame infinitas bondades

sobre mi existir y sobre los que

junto a mi están.

 

Bendice mi paso por esta tierra,

 ilumina siempre mi camino al andar,

aleja las malas personas y sus malas intenciones.

 

Asimismo prevéeme de las más grandes virtudes y dones

que te han hecho santo,

para que pueda amar al prójimo como a mí mismo.

 

No permitas que la tentación llegue a mi vida,

que el pecado se haga parte de mí,

soy humano, soy débil, hazme fuerte en tu presencia,

grande en tu amor y honorable en tu misericordia.

 

Gracias mi San José,

porque nunca me has abandonado.

Así mismo como hiciste con tu hijo adoptivo Jesús,

así quiero que me cuides y me protejas.

 

Finalmente llévame en tus brazos y colmarme de calor,

que ningún frío me toque, que ningún

calor me queme,

que ningún dolor me haga daño

y que nada malo me pase.

 

Porque eres el patrono de las almas que parten,

de los que les ha toca viajar hacia la eternidad,

ruega por mí, por mis hijos, por mi familia

para que todos seamos dignos

de gozar de la vida eterna que Dios nos

promete y guarda dulcemente.

 

Amén.

San José, honorable ejemplo del Padre de Jesús

Aunque en la Biblia poco se hable de San José, su ejemplo silencioso de fidelidad, obediencia y cuidado para con la Sagrada Familia durante los años de formación de Jesús. Hizo que se convirtiera en uno de los Santos más poderosos para la intersección y más querido y adorado por los fieles cristianos de la Iglesia Católica.

Se le atribuye a la oración antigua a San José, un poder muy milagroso que nunca falla. Tanto así que esta oración es conocida por no haber fallado nunca, no solo para el que pide por sí mismo, sino para el que pide por los demás.

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