La oración a María Reina y Madre
La Virgen María es nuestra madre, ya que llena de misericordia la vida de las personas que en ella confían. Realiza la oración Reina y Madre de la Misericordia a la Virgen María.Oh Misericordiosa, ya que tú que eres la
Reina y Madre en el Cielo y en la Tierra,
nuestro refugio y cuidadora y protectora,
Dios ha querido confiarte todo el
orden de la misericordia.
Yo, (nombre), pecador arrepentido,
y por ello me arrojo a tus pies,
implorándote humildemente que me
tomes con todo lo que soy y tengo.
Totalmente para ti como tu posesión
y propiedad, por favor, haz de mí, de
todos mis poderes de alma y cuerpo, de
toda mi vida, muerte y eternidad,
lo que más te guste.
Él mira a su sierva en su humildad,
de ahora en adelante todas las
edades te llamaran bendita.
El Todopoderoso hace maravillas por mí,
¡Santo su nombre! Su misericordia es de
edad en edad, en los que le temen.
Extiende su brazo con fuerza y
dispersa a los orgullosos de corazón.
Echa a los poderosos de sus
tronos y también eleva a los humildes,
llena a los hambrientos de cosas
buenas, envía a los ricos lejos vacíos.
Protege a Israel, su sirviente, recordando
su misericordia, la misericordia prometida
a nuestros antepasados, a Abraham
y su línea para siempre.
Permítame ser un instrumento
idóneo en sus manos inmaculadas,
y misericordiosas para introducir, aumentar
al máximo su gloria en todas las muchas
almas extraviadas e indiferentes.
Y así ayudar a extender lo más
posible el Bendito Reino del
Sagrado Corazón de Jesús.
Porque dondequiera que entréis,
obtendréis la gracia de la conversión
y del crecimiento en la santidad.
Ya que es a través de vuestras
manos que todas las gracias nos llegan
del Sacratísimo Corazón de Jesús.
He aquí, oh Madre del Perpetuo
Socorro, a tus pies un miserable pecador,
que recurre a ti y también confía en ti.
Oh, Madre de la misericordia, ten
piedad de mí; He oído que todos los
hombres te llaman el refugio y también la
esperanza de los pecadores.
Sé, pues, mi refugio y mi esperanza,
ayúdame por el amor de Jesucristo:
extiende tu mano a un desgraciado caído.
Que se encomienda a ti ya que se dedica
a ser tu siervo para siempre.
Alabo y doy gracias a Dios, que,
Por su gran misericordia me ha dado
esta confianza en ti, una promesa
segura de mi salvación eterna.
Desgraciadamente, es muy cierto
que en el pasado he caído
miserablemente, porque no he venido a ti.
Sé que con tu ayuda conquistaré, sé que
me ayudarás, si me encomiendo a ti, pero
temo que en las ocasiones de pecado me pueda
olvidar de llamarte y así estaré perdido.
Por eso te tipo que me otorgues
tu misericordia y tu gracia
querida Madre Santa.
Por esto te lo imploro, tanto
como pueda y sepa hacer.
Guarda y también cuida a cada
uno de tus hijos, bendícenos
siempre Madre Querida.
Amén.





