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Oraciones cristianas para mantener e incrementar la fe y la esperanza

9 agosto 2020
Oraciones cristianas para mantener e incrementar la fe y la esperanza

Dios es sinónimo de amor, por eso no debes desmayar ante las adversidades, ¡confía! Él nunca te va a abandonar si lo sigues con la más genuina devoción. Él te sorprenderá con los más resplandecientes actos hacía tu beneficio, solo debes conservar la fe y la esperanza ante todo obstáculo que se te presente. A continuación las oraciones cristianas para mantener e incrementar la fe y la esperanza te ayudarán a mantenerte en pie.

Dios nos enseña con su ejemplo que debes asumir desde el primer instante los nuevos desafíos que se te vayan presentando. ¡Creé en él!, en el amor que te profesa, en su infinito poder. Y también, cree en ti, en lo que puedes lograr, en lo que Dios ha cultivado dentro de tu corazón.

Oraciones cristianas para que podamos aumentar nuestra fe y esperanza

Debemos pedir a nuestro Señor Dios con lo más profundo del corazón para que no permita que nuestra fe se quebrante. Y para que nos ayude a apartarnos del maligno para que no pueda hacernos perder la esperanza. Eleva estas oraciones cristianas para mantener e incrementar la fe y la esperanza.

¡Oh mi Señor!, te suplico

por el valor necesario y la

clarividencia suficiente

para poder carear todos los

obstáculos que el maligno.

 

Ha puesto sobre mis senderos,

¡por favor!,

no dejes que mis ánimos

y fuerzas decaigan.

 

Señor, tú y solo tú, eres mi fuerza,

mi anhelo, mi ahínco, mi empeño, mi tesón,

para poder continuar adelante.

Haces de mí una roca ante la adversidad.

 

También te pido que nunca el mal confunda

mis actos para las personas

que creemos en ti mi amado Dios.

 

¡Oh mi amado Dios!

Mi corazón está ansioso

de sentir en cada instante

que se llena de ti.

 

De tu confianza, de tu fuerza

para salir de todas

las vicisitudes que se me

puedan presentar.

 

Asimismo has que tenga el coraje necesario

para comprometerme con el

logro de todas mis metas

y poder consumar los

propósitos que anhelo.

 

Por favor ayúdame a que

pueda dar lo mejor de mí,

aunque no tenga fuerzas,

aunque no me quiera

levantar de mi cama.

 

Aunque no quiera ver la luz del sol,

y aunque sienta que no pueda más.

 

Dios, dame las fuerzas necesarias

para tener la capacidad de entregarme a ti

absolutamente llenos de bondad

y con la pureza de tu amor

a concentrarme en tu palabra.

 

Esa palabra que me abriga,

que me sostiene,

que me impulsa y me

alienta para enfrentar

las dificultades que se me

presentan en el camino.

 

¡Oh mi Dios!, socórrame para tener

la capacidad de hacerme

una introspección,

a escudriñar toda mi alma a

fondo y poder encontrar.

 

Todos esas aptitudes que

asimismo has cultivado en mí.

Igualmente eleva mi fe y mis esperanzas

para poder seguir adelante.

 

En tú nombre, me elevo en

cuerpo, mente y alma

y sé que con tu infinita misericordia

podré vencer las vicisitudes.

 

Además sé que me mostrarás tu compasión

para cultivar mis esperanzas y mi fe

como los crepúsculos al amanecer.

 

Como el manantial que arropa mi alma

dentro de la adversidad, como el

animalito agradecido

cuando le doy un bocado de comida.

 

Como el hambriento

que come con emoción y como mis

ojos cuando claman tu nombre.

 

En tu nombre, pongo mis manos

para que puedan alabarte y

bendecirte con el aumento

de mi fe y mi esperanza hacia ti mi Señor.

 

Hazme un siervo del bien y pon en mi espíritu

las energías necesarias para seguir

por el sendero de tu palabra.

 

Mi Dios, ayúdame hoy, mañana y siempre

para seguir de pie ante los destellos

de cualquier acto del mal en mí ser.

 

Ayúdame a mantener mi

esperanza y también mi fe

para seguir alabando tu nombre.

 

Amén

¿Cómo dirigirnos a Dios para incrementar la fe y la esperanza?

Normalmente no sabemos cómo dirigirnos a Cristo nuestro señor cuando nos sentimos sin fuerzas, sin ánimos y sin energías. Sin saber que es allí en ese desasosiego donde podemos encontrar las fuerzas necesarias para salir del abismo donde nos encontramos. El abismo de la adversidad que nos invade y nos atañe y que el maligno quiere que nos regocijemos en él.

Dios, nuestro señor, nos impulsa a seguir adelante cuando hablamos de la manera más genuina y noble con Él. Es decir, necesitamos hablar desde el interior de nuestro corazón, alabándolo y venerándolo.