Oración católica de Jueves Santo
Dios mío, además de haberte despojado de toda gloria, nos enseñaste a ser tus discípulos mientras estuviste acá en la tierra. Te doy gloria porque quisiste compartir un poco de tu inmensa sabiduría con nosotros.Amado Señor,
alabado y exaltado sea tu santo nombre;
debido a tu hermosa y maravillosa presencia
mientras estuviste en la tierra es que hoy
tengo la oportunidad de adorarte.
Amado Jesús,
primeramente quiero darte gracias
por todas las bendiciones que has dado a mi vida;
porque gracias a ti he comido y me he vestido.
Gracias Dios mío,
por haberme enseñado en tu última cena,
el cómo habías de entregar tu cuerpo en sacrificio
y cómo tu sangre iba a ser derramada para redención.
Ciertamente,
ahora que realizo la santa cena,
puedo ver el pan como tu cuerpo dado
en sacrificio en lugar de nosotros;
y el vino como tu sangre derramada.
De igual forma, amado Jesucristo,
entiendo lo que quisiste decir
mientras lavabas los pies de tus discípulos;
me enseñaste que no viniste a ser servido,
sino a servir.
Es increíble, Cristo bendito;
eres Dios mismo, Creador de los cielos,
la tierra y los que en ella habitan;
no obstante decidiste venir a servir,
a pesar de merecer ser llenado de toda gloria.
Por lo tanto,
si tú siendo Dios, te despojaste de toda gloria
y viniste al mundo a servir;
cuanto más yo que solo soy un simple humanos
y no merezco todo el amor que tú me has brindado.
Con todo esto,
me mostraste en aquel acto
cómo debo ser y actuar con mi prójimo
y la manera en la que debo amar a cada uno.
Igualmente mi Señor,
entiendo que a pesar de saber que
Judas iba a traicionarte;
aun así no lo impediste, mas bien permitiste
que lo hiciera.
Decidiste cumplir todos los designios
del Padre, a pesar de no merecerlo y saber
la manera en cómo ibas a morir;
con todo esto, igual permitiste que Judas
te vendiera y entregara.
Seguidamente,
reconozco que no puedo enteder aquel
sufrimiento y agonía que padecías
mientras adorabas al Padre en el Monte de los Olivos;
sé que sufriste.
Tal fue tu sufrimiento,
que sudabas agua y sangre debido a la tensión
de todos tus músculos, incluso en un momento
le pediste a Dios que no dejara que pasara;
sin embargo tu amor pudo más y dejaste que
se cumpliera la voluntad del Padre.
No puedo entender la magnitud de tu amor
para conmigo; ya que solo el amor que sientes
hacia mí, permitió que cedieras ante los que
querían apreenderte.
Permitiste ser juzgado como un criminal
y sentenciado a muerte aunque no lo merecías;
de igual forma quisiste cargar con todas
mis culpas y pecados.
No me alcanzará la vida para darte
gracias por tu amor y misericordia;
porque una acción así nadie jamás lo haría.
Pero, mientras esté en esta tierra,
seguiré testificando el amor que tienes
hacia tus hijos; y finalmente, cuando esté
cara a cara delante de ti, glorificaré
tu santo nombre por siempre.
Amén.

