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Oración del Justo Juez para liberar mi alma y cuerpo de hechizos

9 junio 2020
Oración del Justo Juez para liberar mi alma y cuerpo de hechizos

Sabemos que existe el amor y existe la maldad. Que la envidia, el odio y el resentimiento viven en los corazones de las personas que se alejan de la voluntad de dios y de sus enseñanzas. Por ello, no basta con que seamos buenas personas y hagamos el bien al prójimo. El enemigo siempre está buscando almas débiles para tomarlas y dañar a los demás. Te presentamos la Oración al Justo Juez para liberar el alma y cuerpo de hechizos.

La imagen del Justo Juez es la representación de Jesucristo. Cuando fue llevado ante juicio bajo el Poder de Poncio Pilatos y le dice que su reino no es de este mundo. De igual manera se presenta como Justo Juez cuando la esposa de Poncio Pilato le dice a este. Que no le haga daño a ese hombre justo, pues había sufrido por él en sueños la noche anterior.

Oración al Justo Juez para liberar el alma y el cuerpo de hechizos

Toda persona justa es aquella que ha demostrado nobleza y misericordia con los que sufren o son victimas del mundo. Moribundos, huérfanos, enfermos, presos, vagabundos. El mundo está cargado de situaciones pesadas que causan dolor y desesperación, estas personas necesitan consuelo, socorro, ayuda y atención.

Permite que la justicia divina te ofrezca liberación de pesos y cargas que dificultan tu crecimiento personal y espiritual. Recurre a esta Oración al Justo Juez para liberar el alma y cuerpo de hechizos o magias que perturben tu vida.

Bendito Justo Juez

Tú que siempre estás de mi lado,

que desvías las flechas que vienen contra mí,

que apagas el fuego que quiere quemarme.

 

Además aplacas la tormenta

que quiere arrastrarme,

que iluminas mi andar

aún en medio de tinieblas.

 

Tu poder Justo Juez no tiene límites,

tu grandeza es infinita

y por eso hoy de rodillas frente a ti,

te demuestro mis admiración y fiel amor hacia tus virtudes.

 

Porque eres la esperanza

de saberme protegido entre tus brazos.

Permíteme hacerte saber lo que deseo para mí,

no permitas que mi vida se aleje de tu camino.

 

Asimismo escucha desde mi corazón

las más sinceras palabras de devoción

ante tu misericordia,

 porque ante ti no hay nada que no se pueda conseguir.

 

El mundo esta lleno

de pecado y de maldad,

 esa que busca tocarme y tentarme

para hacerme pecador.

La magia y los hechizos que quieren hacer de mi vida

un mundo oscuro y tenebroso con destino al infierno.

Hay ojos que me miran y desean mi mal,

buscan dañarme y perturbarme.

No solo a mí sino también a mi familia.

 

Por ello libera

mis ataduras y mis cadenas

para crecer cada vez más

en la fuerza divina de tu gracia.

 

Ya que no quiero ser presa del enemigo

por que piense que soy débil,

tu amor me fortalece,

 no quiero dudar de ti quiero amarte sin medida,

con la entrega verdadera de alabar tus enseñanzas

en todo momento y lugar.

 

Bendito mi Justo Juez,

que libera mi camino de espinas,

que me da luz en tiempos de oscuridad,

y me protege en contra de ataques.

 

También para hacerme fuerte y poderoso,

hablar de ti

y ser obediente

a tus mandatos.

 

Mientras tanto no me abandones, protégeme

y que la maldad se aleje por siempre,

que ni mi cuerpo ni mi mente decaigan

en tentaciones de la carne,

 que satanás hecho hombre

no se enfoque hacía mí.

 

Por último aleja toda maldad,

todo peligro, toda magia, toda hechicería,

todo intento de dañar mi crecimiento y prosperidad,

por el contrario, atrae hacia mi la abundancia y el amor.

La fe y la esperanza, la bondad y la solidaridad.

 

Amén.

Jesús quiere un mundo justo para todos por igual

Como vivo ejemplo de su nombre Justo Juez, Jesucristo no quiere más que igualdad entre los hombres, apoyo y solidaridad. Si no desarrollamos estas virtudes con nuestros semejantes por qué debemos esperar que Jesús lo sea con nosotros. Profesemos su amor y su misericordia como imagen a su santa voluntad.

Seamos verdaderos católicos, no solo con la palabra sino con los actos, con la práctica y con la enseñanza. Pues hablar de Dios nos hace libres, nos hace fuertes, nos hace sabios y fortalece nuestra relación con la Gracia Divina de nuestro ser Supremo, Dios.