¿Por qué se considera que María es la madre de todos los cristianos?
María se constituyó no solo en la madre de Jesús, sino en la madre de toda la humanidad. Cuando Jesús le dijo desde lo alto de la cruz, “Madre he ahí a tus hijos”. Refiriéndose a todos los que contemplaban la pasión y crucifixión. Con esto Nuestro Señor le quiso decir que todos los hombres y mujeres de este mundo, eran sus hijos. Sin excluir a nadie, sin distingo de credos, ya que allí estaban los hermanos de Jesús, pero también los que lo estaban crucificando. Elevemos una oración “Dios te salve María” para realizar peticiones a la virgen María.Oh María, Virgen y madre, tú que
contemplaste a tu hijo agonizando en la cruz,
tú que fuiste ascendida al cielo en cuerpo y
alma, sin conocer la muerte ni el sepulcro.
Tu María, madre mía y de todos los mortales,
te amo por ser nuestra madre y la de todos.
Te pido madrecita que hoy en este momento
aciago de mi vida, me reconfortes, el solo
pensar en lo que pasaste contemplando a tu
propio hijo agonizando en la cruz, adolorido,
humillado y escarnecido.
Debería darme fuerzas para aguantar lo que
yo estoy pasando, pero comprende madre
que yo soy mucho más débil que tú y por lo
tanto mis fuerzas flaquean.
Hoy en este momento te pido madre del cielo
que me concedas una gracia intercediendo
ante tu hijo para que me vea con ojos de
misericordia.
Te pido de todo corazón. Yo madre mía por mi
parte prometo que jamás voy a olvidar este
gran favor que me concedas por tu valiosa
intervención.
Y tú sabrás como abordar a tu
hijo para que me mire con ojos de piedad y se
conduela de mi gran dolor y angustia que
estoy pasando en este triste y desesperado
momento de mi vida.
María, virgen y madre a la vez, milagro del
Creador que engendró en ti su verbo,
consuelo de los mortales, te pido que me
ampares, que me guíes y que no me
abandones en manos del enemigo que
siempre me acecha para mortificarme.
Ayúdame madrecita a superar este mal trago
y así como tu pudiste superar tu dolor, al
perder a tu hijo amado, sí mismo te pido que
con tu divina gracia y con la cercanía al Trono
Celestial.
Tú madre mía y de todos los hombres voltees
ahora mismo a mirar a este siervo que hoy de
rodillas y con lágrimas en los ojos te suplica
tus favores y tu divina bendición.
Esta petición la hago llegar hasta ti en el
nombre del Padre, en el nombre del hijo y en
el nombre del Espíritu Santo.
Amén.

