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Oración milagrosa al Espíritu Santo hacia el Padre ¡Intercede por nosotros!

6 julio 2020
Oración milagrosa al Espíritu Santo hacia el Padre ¡Intercede por nosotros!

En efecto, el Espíritu Santo es el hálito de Dios padre y de su hijo Jesús, unidos como una sola entidad, de allí su inmenso poder. Sin duda, una milagrosa oración al Espíritu Santo hacia el Padre logra que interceda por nosotros con su dominio infinito.

Orar al Espíritu Santo despertará nuestra devoción en la Santísima Trinidad, su gracia divina nos permitirá recibir sus dones y energía transformadora para acercarnos al Padre y al hijo en comunión perfecta.

No obstante, pidamos con optimismo al Espíritu Santo para que nos consagre en nuestra fe cristiana e interceda ante Dios para que nos acepte en su reino. Él es el aliento de Dios Padre, así lo demostró cuando se presentó sobre los discípulos de Jesús.

Oración milagrosa al Espíritu Santo hacia el Padre

Cuando queremos conectarnos con Dios, nada mejor que invocar con fervor al Espíritu Santo, él nos entregará la sabiduría y colocará en nuestros pensamientos las ideas correctas para dirigirnos al Padre.

Pondrá en nuestra boca las palabras precisas para hacer nuestras peticiones y adorar con nuestros rezos al creador. ¡Oremos!

Espíritu Santo, aliento eterno de Dios Padre,

te glorificamos y retribuimos con

nuestra fe por tu bondad.

 

¡Tuyo mi corazón para que lo

bendigas por siempre!

 

En acto de contrición

pido perdón por mis pecados

y levanto mi mirada para pedir

también por mis hermanos.

 

Con todo, mi corazón arrepentido espera tu llegada

para recibir tus bendiciones y tu misericordia,

¡ten compasión de tus

hijos arrepentidos!

 

Una vez ganado tu perdón y compasión,

te entrego mi cuerpo y mi alma

para que la coloques ante

Dios nuestro Señor.

 

Con tu poder divino,

ayúdame en la súplica por

mí y mis hermanos

intercede por nosotros ante Dios

padre todopoderoso.

 

Asimismo, que nunca nos falte la fe,

purifica nuestros corazones

encamina nuestros actos

por las sendas del bien.

 

Glorioso Espíritu Santo,

tu que te presentaste ante los discípulos

para dar fe de la resurrección

preséntanos tu luz para recibir

con goce a Jesús.

 

Grandioso Espíritu de Dios

ante el fuego de tu poder, sucumbo

para que me presentes ante dios Padre.

 

Además, que la energía de tu llama

envuelva nuestro espíritu y no

se aparte de nosotros,

que reavive el amor a Dios eternamente.

 

Tu que estas presente en

las nubes y en la luz,

eleva esta plagaría hacia el Padre

supremo y celestial.

 

Clarifica con tu albor nuestros

pensamientos, palabras y actos,

para que nuestra estadía en la tierra

nunca ofenda a nuestro Dios nuestro señor.

 

Concédenos la unción

para ratificar nuestra fe y comunión

y con ella cumplir la misión de servir a Dios.

¡Espíritu de Dios, te aclamo!

 te suplico para que en este instante divino

tu poder omnipotente interceda ante

el Padre por nosotros.

 

¡Espíritu Santo, espíritu divino!

No permitas que la debilidad me ahogue

No me dejes flaquear ante las tentaciones.

 

Aparta las espinas que se

clavan en mi corazón,

 que me enceguecen y perturban.

Ayúdame a ver el camino de la verdad.

 

Ayúdame a encontrar el

reposo que necesito

para orar a Dios y al Hijo.

 

Concédeme la humildad necesaria para

mirar hacia el Padre sin altivez

¡Inmaculado Espíritu Santo,

excelso halito de Dios!

 

Levántanos con tu fuerza y

llévanos ante el redentor.

Intercede por nosotros, sálvanos Señor.

 

A tu claridad perpetua

entrego mi comunión

para que medies ante el Padre y nos

hagas dignos de Él.

 

Con tu luz divina intervén ante Dios

por nosotros sus devotos

En ti pongo mi fe santo Espíritu de Dios,

altísimo Espíritu de la verdad,

en ti también mi cuerpo santísima trinidad.

 

¡Amén!

¿Quién es en realidad el Espíritu Santo?

Para el cristianismo, el Espíritu Santo es también llamado Espíritu de Dios, Paráclito, Menahem o Espíritu de la verdad. Todas estas denominaciones para referirse a la tercera persona de la santísima trinidad.

Padre, Hijo y Espíritu Santo, conforman la gracia divina. El nacimiento de la iglesia cristiana inicia con el advenimiento del Espíritu Santo ante los discípulos de Jesús luego de su pasión, muerte y resurrección.

El Espíritu Santo se manifiesta a través del agua bautismal, en el óleo de la unción para confirmar la fe, a través del fuego para mostrar su energía, en las nubes y en la luz, en el sello de los sacramentos, en las manos y en la paloma del bautismo.