San Francisco de Asís oraba a la Virgen María
En sus profundas oraciones, San Francisco le demostraba a Dios la inmensa devoción que sentía hacia la Virgen María. También le atribuía un valor excepcional por su valiosa participación en la obra de la salvación. Elevemos esta Oración a San Francisco de Asís a la Virgen MaríaMisericordiosa Virgen María
Bendita Santa Madre de Jesús, eres la fuente
de vida de la encarnación del hijo de Dios,
la base y el fundamento de la vida espiritual
de San Francisco de Asís.
También la devoción de mi santo hacia Dios
convertido en carne, te atribuyó el honor de
hacerlo hermano del hijo de Dios.
San Francisco de Asís demostró siempre un
inmenso amor por ti y aunado a ese gran
sentimiento le acompañó el agradecimiento
especial por ser la mujer que dio forma
humana a Dios Todopoderoso.
Porque a través de ti honorable Reina, conseguimos
la misericordia de Dios, pues convertiste en lo
palpable la encarnación del único hijo de
Dios.
Así como San Francisco de Asís se convirtió
en tu íntimo amigo, hoy quiero imitar su
ejemplo y gozar de tu majestuosidad.
Además proclamaste Bella Madre, las obras de la
salvación y las huellas de tu misión las
persigo sin parar.
Por ello agradecido ante ti estoy, porque de tu
vientre ha nacido el verdadero hombre, con el
amor que ofreciste al verdadero Dios, con ese
mismo amor que hoy nos profesas desde
siempre y por siempre.
También lo dice mi Santo Francisco, cuando a Dios
agradecía tu invaluable labor, Padre santo y
Justo, Señor Rey del cielo y de la tierra.
Gracias te damos por el amor con que nos
amaste, con el mismo amor que diste para
que tu hijo naciera de la más pura mujer,
la gloriosa siempre Virgen María.
Porque de tu vientre gran mujer,
la vida del redentor se hizo realidad,
el hombre que nos libraría de todos los
pecados y absolvería nuestros pesares,
ese mismo hombre que nos hizo salvos y
eternos en su gracia divina.
El mismo hombre que fue tu hijo y nació de ti.
Por eso como no voy a amarte mi Virgen Querida,
si las bendiciones que hoy gozo y las
bienaventuranzas que me esperan es porque
tú santo hijo me enseñó que esa es la
voluntad de Dios y ante ella no hay quien se interponga.
Porque si San Francisco dedicó su vida a la
peregrinación de la palabra santa,
llevándote siempre en lo más alto de su oración.
Ahora soy yo quien te ama y es
devoto de tu santísimo existir, ya que fuiste quien dio
vida y salvación a este mundo y tu divinidad
no tiene comparación.
Además honorable reina y madre, santa de mi
devoción, tus lagrimas sirvieron para limpiar
nuestras penas.
Tu dolor nos enseñó que no
hay mejor refugio que la palabra de Dios
y nos dejaste el legado de que para estar
cerca de la vida eterna hay que dar y ayudar
a quien más lo necesite.
Bendita Santa madre de Dios, bendice mi
vida, protégenos y cúbreme con tu Santo
Manto.
Amén.

