Mateo 4:19 “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”

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El poder de Dios atrae a los hombres a su camino para guiarlos al bien, y así poder cambiar sus vidas completamente. Tal fue el caso de Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, los cuales, aunque fueran unos simples pescadores, recibieron el llamado de Dios, y lo atendieron. Ellos, tal y como el versículo lo dice, fueron seleccionados por el señor para ser pescadores de hombres.

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De esta manera, fueron predicando, enseñando y dirigiendo la palabra de Dios por doquier, a quien se encontrasen, y es que a partir de ese momento la llama del amor de Dios se encendió en sus corazones, y los impulsó a iluminar a otros para que pudieran conocer esa llama también, y para ello solo basta ser lo suficientemente valiente de aceptar la voluntad de Dios.

Índice()
  1. Cómo los discípulos de Jesús se convirtieron en pescadores de hombres
  2. Dios quiere pescar el alma de sus hijos y limpiarla de todo dolor

Cómo los discípulos de Jesús se convirtieron en pescadores de hombres

En este versículo se encuentra representada una de las frases que Jesús les dijo a dos hermanos, ambos pescadores, para que así se convirtieran en sus discípulos, lo cual les cambió la vida por completo. Dice en Mateo 4:19 “Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”. Se cuenta que los hermanos lo siguieron, y así, cumplieron la voluntad de Dios.

La metáfora de “Pescadores de hombres” tiene un profundo significado que vale la pena analizar. Estos hermanos, dedicados a su profesión, de un momento a otro dejaron todo para seguir a Dios; se despojaron de todas las cosas superficiales y momentáneas de la vida, abandonaron lo que hacían para ir detrás de él. Dejaron de pescar peces, para ir a pescar hombres.

Pero bien, ¿A qué se refiere con exactitud el ser “Pescadores de hombres”?. Estos trabajadores, cambiaron el rumbo de su vida para cumplir un propósito mayor y trascendental, que era propagar la palabra de Dios. Ser pescadores de hombres se podría decir que era impulsar a otros a vivir una vida cristiana, renovada y espiritual.

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Aprendieron de las enseñanzas de Jesús, para luego aplicarlas. Escucharon con atención lo que Dios quería para el mundo mediante su hijo, y lo conservaron en sus corazones como un propósito de vida. Luego de descubrir a Cristo y su amor a la humanidad, comenzaron a alabarlo y a cumplir su voluntad.

Luego de aprender lo suficiente sobre el amor de Dios, adquirieron el poder de extender su palabra por toda la tierra, abrir los corazones de otros e invitarlos a seguir a Cristo. Comenzaron a pescar hombres, a alejarles el pecado y otorgarles la oportunidad de tener una nueva vida.

Su misión era tirar las redes, las cuales representan el amor que Dios ofrece, y pescar a los hombres que desean ser parte de su amor.

Los peces, perdidos y a la deriva, son como los hombres sin la palabra de Dios. Los discípulos son los pescadores, salvando a las almas de los hombres de la oscuridad, inmensidad y soledad del mar. Junto a Dios, el mundo cobra color, las aguas se apaciguan y la calma y el amor curan cualquier dolor.

Si nos entregamos a Jesús, a su palabra y a sus enseñanzas, descubriremos el mejor método para vivir, que es sin miedo, con optimismo y de la mano de Dios. De igual modo, podemos ayudar a los pescadores, acercando almas perdidas de vuelta a su hogar, donde está Dios.

Dios quiere pescar el alma de sus hijos y limpiarla de todo dolor

No hay razones para resistirse a la intervención divina de Dios, puesto que él desea lo mejor para sus hijos. Los pescadores de hombres; como Pedro y Andrés, tenían la misión de dar a conocer la palabra de Dios, y que fuera atesorada al pasar el tiempo, lo cual cumplieron. Ahora que sabemos su deseo, que es que nos acerquemos a su amor, basta con dejar ir los temores y escuchar su voz.

Solo hay que abrir las cerraduras del corazón, dejar que entre Dios a la vida y que llene todas las heridas. Solo hay que dejar que los pescadores hagan su trabajo, de impulsar a que las vidas de los hombres sean sanas, prosperas y repletas del amor de Dios.

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