Encomiendo mi vida en las manos de la Virgen María
La pascua se celebra con la entrada de la primavera y para María la resurrección de Jesucristo tuvo un valor muy especial. Pues ver con vida después de muerto a su propio hijo, es una experiencia que no tiene descripción. Por lo tanto, María alberga en su corazón el más puro amor y agradecimiento hacia Dios. Por ver a su hijo salvo y hacia la vida eterna. Dedica la Milagrosa Oración a la Virgen María en Pascua ¡Me encomiendo a ti! que te presentamos. Y entrégale todo el amor que sientes hacia ella con estas hermosas palabras.Misericordiosa Madre María. Madre de Jesús
de Nazareth, aprendiste de tu hijo a guardar
en tu corazón las sabias enseñanzas que dejó
en el templo cuando apenas era un niño.
Viste crecer y convertirse en hombre a quien
sería el redentor y purificador de los pecados
del mundo.
Hoy, en esta época de pascua, hago extenso
mi mayor sentir de admiración y devoción
hacia ti por ser la luz de mis ojos y el refugio
de mis penas.
Porque tu ejemplo de perfecta madre es
motivo para seguirte fielmente y servir a tu
labor.
Madre Mía, Madre Santa, bendita eres entre
las mujeres del mundo y tu amor y bondad no
se comparan con nada.
Por favor eres la reina de mi vida, la reina de mí existir,
reina de los cielos, reina de la tierra, princesa
de mi corazón y mi mayor adoración.
Protege mi humanidad con tu santo manto,
con tu reflejo de bienestar ilumina el sendero
por donde voy.
Con los brazos de tu amor, abrígame hasta
llenar de bienaventuranzas mi existir.
No me abandones cuando caiga en tristezas
o desilusión, porque tu dulce sonrisa siempre
alegra mi vida.
Eres la Señora de la Pascua, enséñame la
gratitud y la obediencia, para aprender de tu
ejemplo a ser agradecido y a cumplir las leyes
que se emanan del Señor.
No pretendo ser perfecto, porque solo mi Dios
Todopoderoso sabe de la perfección, más
intentó imitar sus enseñanzas y seguir sus
alabanzas.
Por favor señora de Paz, Princesa de la esperanza,
divina flor que embellece los jardines,
cultiva la semilla de la bondad, de la piedad,
de la compasión y del dar a los demás gran
parte de mí mismo.
Igualmente derrama bendiciones a tus fieles y con gotitas
de sabiduría contagia las almas que anhelan
la voluntad de Dios, permite que mis actos
sean el reflejo de ti para que el mundo pueda
transformarse en el paraíso que Dios quiere
para nosotros.
Finalmente admirada Madre, nunca me abandones
porque me perdería.
Amén.

