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¿Por qué Dios no me da consuelo? ¿Es realmente Dios bueno?

2 abril 2020

Ante las vicisitudes de la vida, creemos que estamos solos; y pues, aún nuestros familiares dan la espalda ante la prueba que parece no tener ni pie, ni cabeza; toda actividad se desploma antes de ser llevada a cabo. Y nos preguntamos, ¿Dios existe, y es bueno? Entonces, ¿Por qué Dios no me da consuelo? Por un lado, nos aporrea la prueba; y por el otro, nos encerramos en que estamos desamparados y desconsolados. Veamos a continuación si verdaderamente, Dios nos da consuelo, y ¿si realmente Dios es bueno?

¿Por qué Dios no me da consuelo?

La Palabra de Dios, nos afirma en 2 corintios 1:4, diciendo: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.

Dios, es Dios de consolación; y podemos entender una enseñanza en el pasaje bíblico anterior, siempre que el Señor nos pueda consolar, es para que posteriormente nosotros podamos consolar a otros.

Jesús de Nazaret, cuando estuvo en esta tierra, consoló a muchos enfermos, enlutados, viudas, huérfanos, etc. Y además, dio esperanza de una mejor vida; pero, solo si logramos mitigar la sed por este mundo. Ahora, ¿cómo Dios puede consolarnos actualmente; si Jesús no está físicamente en esta tierra?

¿Por qué Dios me da consuelo?

Pues, el mismo Señor Jesucristo, afirmó que nos enviaría un consolador; declarado en San Juan 14:5 diciendo: Y yo rogaré al Padre, y les dará otro Consolador, para que esté con ustedes para siempre.

A través de su Santo Espíritu, el Todopoderoso nos consuela. No nos ha dejado solos, en este mundo de perdición. Y lo plasmó en San Juan 14:8 diciendo: No los dejaré huérfanos; vendré a ustedes.

Entonces, ¿por qué podemos sentir que ni Dios nos consuela? Sin embargo, atravesamos un punto quiebre donde solo lloramos, y lloramos; y la Palabra del Señor nos dice, que Dios no desprecia a un corazón contrito y humillado; así que, él está allí, en el momento más doloroso, y que nadie lo puede entender, ni mitigar.

Las pruebas del Señor, nos la manda para formarnos el carácter, para cambiar de mentalidad, para madurar en nuestra vida; y en ese proceso, nos sacamos poco a poco la idea tan ficticia que teníamos de la vida en sí.

Dios permite el sufrimiento en el mundo, para que podamos percatarnos de que esa maldad, proviene de nosotros mismos; y de a dónde nos lleva. No obstante, el Señor es quien venda las heridas de nuestro corazón.

Debemos consolar a otros también

Así como el Señor, nos prueba como a oro refinado por fuego; es deber nuestro ilustrar a nuestros semejantes, hacia la misericordia y compasión de nuestro Dios. Recordemos la famosa cita bíblica, que declara que, más bienaventurado es dar, que recibir. Y además, añade, que no nos cansemos de hacer el bien; de hablar del Señor porque es bueno, de amar al prójimo porque es un mandamiento de Dios; y también de perdonar a los que nos han ofendido, hasta sin causa.

Dios de misericordias y de consolación

¿Por qué Dios no me da consuelo? El Dios de los cielos, ahora mora en nuestros corazones; y claro que nos da consuelo, no olvidemos que sus muchas misericordias son nuevas cada mañana; y que él no nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades. Por el contrario, ha sido un Dios tolerante al ver tanta maldad en los hombres.
Por eso debemos amarle en todo tiempo, y obedecerle a los mandamientos, preceptos, y estatutos, que nos ha establecido. Pues, haciendo esto, nos acercamos más a él confiadamente; y cualquier cosa que pidiéramos en su nombre, él nos la daría; porque es fiel a sus promesas.

Punto importante, es cambiar un poco el enfoque de la vida; no le creamos al maligno, que nos hace pensar que el Señor no está con nosotros, porque padecemos alguna afición o carecemos de algo material; ciertamente, eso es una realidad; pero, en el Señor está la verdad que excede a todo conocimiento o percance. Su amor es infinito, limpio y puro.