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¿Qué es una oración intercesora? ¡Aprende a orarla correctamente!

9 julio 2020
¿Qué es una oración intercesora? ¡Aprende a orarla correctamente!

Generalmente, cuando elevamos oraciones a Dios, lo hacemos por motivos individuales, pero podemos hacer una oración intercesora para ayudar a otras personas. Aprende a orarla correctamente y ayuda otros. ¿Qué es una oración intercesora?

La intercesión es hablar a favor de alguien para procurarle un bien. En ocasiones, se busca algo a cambio, no así en la intercesión espiritual, cristiana. El creyente lo hace con absoluto desprendimiento.

Sirve de intermediario entre Dios y el hombre u otras cosas como organizaciones. Es una hermosa labor, cargada de fe y caridad cristianas, ya que el intercesor la realiza como una misión encomendada por Dios.

En el antiguo testamento se vislumbra a Moisés como el personaje escogido por Dios para interceder ante el Faraón de Egipto para liberar a su pueblo de la esclavitud.

¿Qué es una oración intercesora?

La oración intercesora es aquella donde nos convertimos en mediadores ante el Padre celestial por nuestro prójimo, por la iglesia, los ministros, autoridades de una nación, los enfermos, desvalidos.  Pero todo para gloria de Dios.

Es decir, nos despojamos de individualismo y, reconociéndonos como pecadores, elevamos la oración a Dios, de corazón, con sinceridad para pedirle que en su amor conceda la gracia a aquel por quien la solicitamos.

El intercesor debe ser humilde; entender que su misión consiste en buscar se cumpla la voluntad de Dios, no la gloria personal. Pondrá todo su empeño en alcanzar el beneficio solicitado, despojándose de toda apetencia propia.

La intercesión requiere el desprendimiento de quien la ejecuta con la clara conciencia del verdadero cristiano, emulador de la obra de nuestro Señor Jesucristo.

En las Sagradas Escrituras se encuentran ejemplos de oraciones intercesoras. El apóstol Pablo, en su epístola a los Romanos dice: “Hermanos, el deseo de mi corazón y oración a Dios por ellos es para su salvación” (Romanos 10:1).

Cualquier creyente puede realizar oraciones intercesoras, es decir, no están reservadas a algún grupo o élite. Es deber de todos los cristianos que constituyen el cuerpo de la iglesia.

Ahora, debe tenerse la claridad que quien intercede previamente debe haber desarrollado y mantener activamente una relación con Dios. Esa confianza con el Padre celestial dará eficacia a la oración elevada al Altísimo.

Cualidades del intercesor

Si bien es cierto que la intercesión no es atribuida únicamente a una clase especial de personas, también lo es que el intercesor debe reunir las características adecuadas que derivan de su relación con Dios.

La Biblia nos suministra las características que debe poseer el intercesor. En primer lugar, debe ser apto para esa función, porque viven en santidad, transitando el camino que lleva a la vida eterna.

La humildad también juega un papel fundamental. No se vanagloria de lo que hace porque sabe que es un instrumento de Dios en esta tarea y velará porque se cumpla la voluntad del Padre celestial.

También debe estar protegido, es decir, vestirse con la armadura de Dios para estar firmes contra las asechanzas del diablo porque la lucha es contra potestades malignas, de las tinieblas (Efesios 6:11-12).

El apóstol Pablo describe la armadura como el escudo de la fe, la verdad, la cota de justicia, la espada del Espíritu Santo que es la Palabra de Dios. Estos consejos dan la certeza de alcanzar la victoria.

Una condición fundamental es el amor, el que todo lo padece, todo lo sufre, todo lo soporta, no tiene envidia, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa en mal. ¡Es el mayor don del cielo!

El mayor intercesor entre Dios y los hombres

Entre los intercesores conocidos, el mejor y más grande es, sin duda alguna, nuestro Señor Jesucristo. Siendo un ser celestial, compartiendo el trono del Padre, consintió en venir a la tierra encarnado para salvar a hombres.

A través de su sacrificio en la cruz, nos dio el privilegio de alcanzar el perdón de nuestros pecados. Pocas o ninguna vez se ha dado una muestra e amor y desprendimiento mayor que la de Jesús.

Estando con sus discípulos les enseñaba muchas lecciones de vida. Les demostró la forma en que debían orar y mantenerse en ella. Dijo Jesús: todo lo que pidan al padre en mi nombre, les será concedido.

Toda la vida de Jesús en la tierra fue de oración e intercesión. Oró por Pedro para que no flaqueara en su fe. Aún estando en la cruz, oró a su Padre para pedirle que nos perdonara. ¡Qué nobleza y gran amor hacia nosotros!

Cristo es el mayor ejemplo a seguir. Hoy sigue intercediendo por nosotros ante Dios. Quienes creemos en él, debemos emular su vida ejemplar y convertirnos en multiplicadores de sus enseñanzas, entre ellas, la intercesión.

Será una experiencia grandiosa aportar nuestro grano de arena para que otros encuentren el camino de vida eterna, a través de nuestras oraciones. El gozo que produce será estímulo para seguir conquistando almas para Dios.