Protégete contra tus enemigos acudiendo a San Ignacio de Loyola
Claro este santo nació en 1491 y dentro de una familia muy pudiente, cuando se hizo hombre entró a servir en la milicia, como lo acostumbraban todos los jóvenes de la época, debido a una lesión, se vio obligado a abandonar las armas, y fue entonces en sus horas de ocio cuando conoció a cristo.Oh glorioso y fiel seguidor de la Iglesia cristiana,
fundador de la Compañía de Jesús,
hoy se te admira y se te respeta por todo el mundo,
por haberte dedicado
a rescatar misioneros,
para completar la obra de Dios en La Tierra.
Milagroso San Ignacio,
debido a la gran cantidad de milagros que realizaste
en vida y a los que aun después de tu partida,
de este mundo has continuado realizando,
mucha gente se ha apoyado en ti,
buscando alivio a sus penas.
De la misma forma el caso que en estos momentos,
me agobia y me deprime,
es el hecho de saber que tengo enemigos,
que me adversan y que
yo sé que harán todo lo posible por hacerme daño.
No permitas misericordioso santo de la fe cristiana,
que este siervo de Dios
sea alcanzado por la maldad,
y la iniquidad se aquellos que se amparan
bajo las sombras del innombrable para destruir las almas.
No permitas que ningún enemigo,
tenga las suficientes fuerzas para aniquilarme
como persona.
Dame toda la fortaleza que necesito para adversarlo.
Hazme invisible ante sus inicuos ojos,
Oh poderoso protector de la humanidad.
Hoy me dirijo a ti glorioso San Ignacio de Loyola,
en busca de tu protección
y me expreso con esperanza y humildad para pedirte.
(Aquí se pide la gracia, mencionando el nombre del enemigo,
en asecho para que San Ignacio de Loyola,
lo distraiga y lo aleje de ti).
Permite recibir todas tus cualidades,
para saber defenderme, dame fuerza, dame luz y entendimiento,
lléname de las armas espirituales más poderosas
para esgrimirlas en contra de esos que desean,
verme vencido y aniquilado.
Dame valor para no disminuirme,
ante los ojos del enemigo, antes protégeme
de todos esos enemigos y blinda,
todo mi cuerpo y espíritu para salir airoso
y triunfador de esta batalla,
sin tregua que se ha desatado en mi contra.
Bendíceme, protégeme y no permitas que sea arrastrado hacia
el abismo de la perdición de la muerte física y espiritual.
Yo te prometo llevarte siempre en mi memoria
y estarte agradecido de por vida.
Amén.

