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¿Cómo se reza el Rosario de la Virgen de la Divina Misericordia?

26 mayo 2020
¿Cómo se reza el Rosario de la Virgen de la Divina Misericordia?

Muchos grandes papas, santos y líderes cristianos nos han exhortado a rezar el rosario. Así que voy a aprovechar de mostrarte como rezar el Rosario de la Virgen de la Divina Misericordia. Es una oración grandiosa. Afirman que tienen el poder de cambiar tu vida, traer paz al mundo, otorgarle fuerza a tu familia, que todos los pueblos se conviertan y que sus almas puedan ser salvas.

Muchos católicos, por desgracia, tienen la impresión de que el rosario no es relevante para ellos. Puede ser una oración sagrada para gente muy religiosa (los sacerdotes, hermanas religiosas y católicos excepcionales) pero no para una persona laica.

Hay algunos católicos devotos que comentan que esta oración es un poco limitada. Poseen mucho respeto por la recitación del rosario, saben sobre su importancia, pero pueden sentirse mal por no amarlo de corazón. Es por este mismo motivo que por medio de este apartado te enseñare a rezar el Rosario de la Virgen de la Divina Misericordia.

Rezar el rosario de la Virgen de la Divina Misericordia

Si el Rosario de la Virgen de la Divina Misericordia no forma parte de tu vida de oración habitual ahora mismo, debes incluirlo ahora. Aquí hay cinco cosas clave que necesitas saber para empezar.

Primero, no tenemos que rezar el rosario de una sola vez. Claro, algunas personas pueden sentarse y rezar tranquilamente un rosario entero de una sola vez. Pero también podemos optar por dividirlo, diciendo sólo una o dos veces en diferentes momentos del día: de camino al trabajo, entre recados, entre reuniones, mientras doblan la ropa o lavan los platos.

Tanto los hombres como mujeres que viven en santidad, han rezado el Rosario de la Divina Misericordia, incluso Papas lo han rezado de esa forma. Lo cual les ha causado una vida fructífera, una vida manejable.

Puedes realizar el rezo en cualquier lugar. El rosario es básicamente una especie de capilla que podemos llevar a cualquier lado en nuestro bolsillo y utilizarlo en cualquier lugar y momento. Sin importar que solo desees para tener a Dios siempre presente en tu día, o estés pesando por una situación compleja que amerita urgencia, todo lo que debes realizar es sacar tu Rosario y realizarle una plegaria a Dios, hablar con Él por medio de la oración.

Es importante recordar que el Rosario siempre se encuentra accesible. Puedes rezarlo en el trabajo, en la habitación de tu casa o en una iglesia. O si lo deseas, puedes hacerlo en una línea en la tienda de compra, cuando estás realizando ejercicio, o en el coche, mientras das un pequeño paseo o mientras cortas el césped.

Llevar las pulsaciones del corazón al ritmo del Rosario es una de las cosas que puedes realizar en cualquier momento del día. Puedes realizar el rezo del Rosario de varias formas diferentes, puede adaptarlo las necesidades de la situación. En ocasiones puedes centrarte en el pensamiento, en las palabras de las oraciones. En otras ocasiones, puedes pensar y reflexionar sobre la historia oculta de la vida de Jesucristo.

Utilizando en oraciones los acontecimientos de su nacimiento en la tierra de Belén, cuando murió en la cruz, su transfiguración,  grabando las enseñanzas del Evangelio en nuestro cuerpo, alma y corazón. En otras circunstancias, puedes concentrarte en utilizar el nombre Santo del Señor Jesús en la mitad cada vez que recitas el Ave María.

Profundiza en el Rosario

Pero el rosario puede llevarnos más profundo, mucho más profundo. Cuando rezamos el rosario en su escenario ideal, haciendo un conjunto de misterios, la oración puede frenarnos, calmar nuestros corazones y permitirnos descansar en la presencia de Dios. Saca los deseos más profundos de nuestras almas, deseos de Dios y sólo de Dios. El ritmo de las oraciones repetitivas puede tener un profundo efecto espiritual.

En esto, es muy parecido a la tradicional «Oración de Jesús» que muchos de los primeros cristianos recitaban: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, un pecador». Lentamente repetían estas palabras una y otra vez a lo largo del día, de tal manera que el ritmo de esta oración estaba ligado al ritmo de su respiración.  Como explicó Juan Pablo II, esta repetición amorosa «encarna el deseo de que Cristo se convierta en el aliento, el alma y toda la vida de uno».